Monday, 27 January 2014
Primo Levi
Friday, 26 January 2007
Primo Levi
Los que vivís seguros
En vuestras casas caldeadas
Los que os encontráis, al volver por la tarde,
La comida caliente y los rostros amigos:
Considerad si es un hombre
Quien trabaja en el fango
Quien no conoce la paz
Quien lucha por la mitad de un panecillo
Quien muere por un sí o por un no.
Considerad si es una mujer
Quien no tiene cabellos ni nombre
Ni fuerzas para recordarlo
Vacía la mirada y frío el regazo
Como una rana invernal
Pensad que esto ha sucedido:
Os encomiendo estas palabras.
Grabadlas en vuestros corazones
Al estar en casa, al ir por la calle,
Al acostaros, al levantaros;
Repetídselas a vuestros hijos.
O que vuestra casa se derrumbe,
La enfermedad os imposibilite,
Vuestros descendientes os vuelvan el rostro.
poema inicial de "si esto es un hombre"
Benjamín Fondane
Éxodo
A ti te hablo, hombre de los antípodas. Hablo de hombre a hombre, con lo poco que en mí queda del Hombre, con la poca voz que me resta en la garganta, mi sangre está sobre los caminos. ¡Pueda ella, pueda ella no gritar venganza!
El halalí ha sonado. Los animales son perseguidos: dejadme hablaros con esas mismas palabras que tuvimos en herencia. ¡Pocas quedan inteligibles!
Un día vendrá, es seguro, la sed apaciguada, estaremos más allá del recuerdo. La muerte habrá terminado los trabajos del odio. Seré un ramo de ortigas bajo vuestros pies. Entonces... ¡Pues bien! Sabed que tenía un rostro como vosotros; una boca que rezaba, como vosotros...
He leído, como vosotros, todos los periódicos, los libros, y nada he comprendido en el mundo, Y nada he comprendido en el Hombre, aunque a menudo me haya ocurrido afirmar lo contrario.
Y cuando la muerte, la muerte, haya venido, tal vez haya pretendido saber lo que era; pero verdad, puedo decíroslo en esta hora. Ha entrado toda ella en mis ojos atónitos, asombrados de comprender tan poco. ¿Habéis comprendido mejor que yo?
¡Y, sin embargo, no! Yo no era un hombre como vosotros. No habéis nacido sobre los caminos. Nadie ha echado al albañal vuestros hijos, como gatos todavía sin ojos. No habéis errado de ciudad en ciudad, perseguidos por los policías, no habéis conocido los desastres del alba, los vagones para ganado y el sollozo amargo de la humillación, acusados de un delito que no habíais hecho, del crimen de existir... Cambiando de nombre y de rostro para no llevar un nombre que han increpado... ¡Un rostro que había servido a todo el mundo de escupidera!
…Cuando piséis ese ramo de ortigas que había sido yo en otro siglo, en una historia para vosotros pasada, acordaos solamente de que era inocente Y que, como vosotros, mortales, ese día había tenido, yo también, un rostro marcado por la cólera, por la piedad y la alegría.

